Los colegios de mediadores actúan como garantes de la ética y la calidad en el ejercicio profesional. Todos sus miembros deben cumplir con unos principios deontológicos que aseguran la imparcialidad, confidencialidad, respeto y equidad en todos los procesos que lideran. Esta regulación interna no solo protege a las partes implicadas, sino que también eleva el prestigio de la propia profesión.
Uno de los mecanismos más importantes que ofrecen los colegios es la supervisión y el control del ejercicio profesional. A través de comisiones deontológicas y órganos de control, se aseguran de que cualquier mala praxis sea detectada y sancionada, contribuyendo a una práctica transparente y responsable.
La existencia de estos organismos permite que cualquier persona usuaria de un servicio de mediación tenga un respaldo institucional al que acudir en caso de necesitar aclaraciones, reclamaciones o simplemente información sobre el proceso. De este modo, los colegios se convierten en una garantía de protección para la ciudadanía.
Además, el código ético que rige a los mediadores colegiados no es un simple documento, sino una herramienta viva que se revisa y adapta a los cambios sociales, jurídicos y culturales. Esto permite mantener altos estándares profesionales, adaptados a las nuevas realidades y necesidades.
Por todo ello, confiar en un mediador colegiado es sinónimo de calidad, seguridad y compromiso con una práctica ética y centrada en las personas.

Método alternativo de resolución de conflictos basado en el diálogo y acuerdos voluntarios.